“Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios”.
Romanos 12:1
Adorar a Dios no significa perder nuestra vida, sino entregarla en sus manos. Cuando rendimos nuestros planes, prioridades y deseos, le estamos diciendo a Dios que confiamos en él. No siempre es fácil rendirse; muchas veces queremos tener el control. Aunque no estemos sobre una plataforma, una vida rendida habla más fuerte que cualquier canción. La verdadera adoración se ve en decisiones que honran a Dios aun cuando nadie más las nota.
¿Qué área de tu vida necesita hoy ser rendida a Dios? Escribe esa área y entrégasela conscientemente a Dios en oración.
Oración
Señor, hoy rindo mi vida delante de ti. Sé tú el centro de todo lo que soy. Amén.

